La pareja de jóvenes está sentada frente a mi; no hace mucho que nos conocemos, pero nos une alguna confianza. Me dicen que han alquilado un piso y van a vivir juntos. Ella trabaja como monitora en un gimnasio, él es comercial de una empresa de automóviles. Veintisiete años ella y otros tantos él, más o menos; ambos solteros y sin convivencias de pareja anteriores.
Hablamos, nos bebimos unas copas y a su pregunta de ¿cómo lo ves? les contesté:
Cualquier cosa que os diga no servirá de nada; cualquier cosa que os diga, cuando salgamos de este garito, ya la habréis olvidado, pero dado que vais a pagar mi consumición os digo:
1- En la pareja, el destino de cada parte es decepcionar a la otra parte. A eso se llama conocimiento.
2- Decía Daniel Defoe en “Robinsón Crusoe”: “Amamos hoy lo que odiaremos mañana”.
3- Toda pareja debe ser siempre consciente de que siempre habrá otro que la tenga más grande y otra que folle mejor.
4- Uno busca compañía cuando no se aguanta a sí mismo. Y espera que otro u otra lo aguante. Lo curioso es que como la otra parte está en las mismas circunstancias, la cosa puede salir bien; todo es cuestión de aguantarse mutuamente.
5- Atención con las reglas. Cuando alguien enuncia unas reglas, una ética, una moral, siempre la destina a que sean otros quienes las cumplan.
6- En la pareja, nada es gratis. Si algo recibes, algo tendrás que pagar, en un momento u otro, de una manera o de otra. Procurad tener las cuentas niveladas. Se puede dar por amor, desde luego, pero nada más exigente a la hora de demandar el cobro.
7- El aburrimiento y la rutina, no son los enemigos de la convivencia en pareja, sino las columnas que la mantienen. Y acostumbrarse a la rutina y al aburrimiento es más fácil de lo que parece. Permaneced tranquilos, dejad que el tiempo pase delante del televisor y lo comprobaréis…
Ocho,… iba diciendo, cuando la joven pareja, al unísono, me cortó la palabra: ¡Basta!, dijeron a coro escueto. Ambos se levantaron, pagaron las consumiciones, la mía también, fue un gesto dadas las circunstancias de extravío mental en el que habían caído, y salieron estrechamente enlazados, besándose con furia. Ni siquiera se despidieron.
Estoy pensando en hacerme consultor matrimonial. Aunque quizás no me lo agradeciesen. Ya lo decía san Agustín: “¿Buscas la verdad y cuando la encuentras te cabreas?”
Hablamos, nos bebimos unas copas y a su pregunta de ¿cómo lo ves? les contesté:
Cualquier cosa que os diga no servirá de nada; cualquier cosa que os diga, cuando salgamos de este garito, ya la habréis olvidado, pero dado que vais a pagar mi consumición os digo:

1- En la pareja, el destino de cada parte es decepcionar a la otra parte. A eso se llama conocimiento.
2- Decía Daniel Defoe en “Robinsón Crusoe”: “Amamos hoy lo que odiaremos mañana”.
3- Toda pareja debe ser siempre consciente de que siempre habrá otro que la tenga más grande y otra que folle mejor.
4- Uno busca compañía cuando no se aguanta a sí mismo. Y espera que otro u otra lo aguante. Lo curioso es que como la otra parte está en las mismas circunstancias, la cosa puede salir bien; todo es cuestión de aguantarse mutuamente.
5- Atención con las reglas. Cuando alguien enuncia unas reglas, una ética, una moral, siempre la destina a que sean otros quienes las cumplan.
6- En la pareja, nada es gratis. Si algo recibes, algo tendrás que pagar, en un momento u otro, de una manera o de otra. Procurad tener las cuentas niveladas. Se puede dar por amor, desde luego, pero nada más exigente a la hora de demandar el cobro.
7- El aburrimiento y la rutina, no son los enemigos de la convivencia en pareja, sino las columnas que la mantienen. Y acostumbrarse a la rutina y al aburrimiento es más fácil de lo que parece. Permaneced tranquilos, dejad que el tiempo pase delante del televisor y lo comprobaréis…
Ocho,… iba diciendo, cuando la joven pareja, al unísono, me cortó la palabra: ¡Basta!, dijeron a coro escueto. Ambos se levantaron, pagaron las consumiciones, la mía también, fue un gesto dadas las circunstancias de extravío mental en el que habían caído, y salieron estrechamente enlazados, besándose con furia. Ni siquiera se despidieron.
Estoy pensando en hacerme consultor matrimonial. Aunque quizás no me lo agradeciesen. Ya lo decía san Agustín: “¿Buscas la verdad y cuando la encuentras te cabreas?”


